Sentirse excluida o excluido, es una sensación realmente desagradable
Para ser felices necesitamos percibir que formamos parte de un grupo, que estamos conectados con los demás. Cuando alguien nos ignora, incluso si es un desconocido o sucede por internet, sentimos algún malestar. Es la sensación de exclusión.
Los investigadores concluyeron que, para sentirnos felices, necesitamos percibir que formamos parte de un grupo o que estamos conectados con los demás, y esa sensación de pertenencia puede venir de diferentes vías: inscribirse en un club, relacionarse con los vecinos o mantener el contacto visual con un desconocido, entre otras.
Para realizar su trabajo, publicado en la revista ‘Psychological Science’, los estudiosos eligieron al azar a una serie de individuos que caminaban por el campus de esta universidad y un asistente de la investigación miraba a algunos de ellos. Los asistentes representan a las personas que no conocemos, que simplemente caminan a nuestro lado. “El que miraran a los sujetos, aunque fuera sin contacto, pareció tener un efecto, al menos momentáneo”, ha declarado el investigador Eric Wesselmann coautor del estudio, de la Universidad de Purdue.
El dolor de quedarse fuera:
“El sentimiento de exclusión es un estado que se repite de forma continuada en diferentes situaciones de la vida de las personas afectadas y que puede llegar a desencadenar una gran frustración y tristeza, invadiendo, estos efectos, todas las relaciones del individuo”, explica la psicoanalista Magdalena Salamanca Gallego.
Explica que “el sentimiento de exclusión acontece comúnmente en personas con tendencias celosas. Aunque se produzca en una relación de dos personas, este sentimiento acontece frente a la presencia de un tercero”.
Esta psicoanalista pone un ejemplo: “en una relación de pareja, uno de los miembros se siente excluido frente a un deseo o actividad que el otro realizará, o propone realizar, con un tercero, ya sea, con una persona física o entidad donde desarrolla una actividad lúdica, laboral o, incluso, familiar”.
“Para que acontezcan los celos, son necesarios tres. En una relación idílica entre dos personas es frente a la presencia del tercero que surgen los celos. En este caso, como en el anterior, no es necesario ni que ese tercero exista físicamente, con que uno de los dos lo nombre o lo desee es suficiente”, señala Salamanca.
Según esta experta, los celos que sufren a menudo los individuos que se sienten excluidos “los provocan las palabras y son encubridores de un deseo, evidentemente desconocido o no tolerando por la persona que los padece”.
Ignorado en las redes sociales
Ser ignorado en la redes sociales o en los chats de internet, provoca en el excluido el mismo malestar que cuando acontece en persona, cara a cara. Esto concluye un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania (PSU).
“Si alguna vez se ha sentido mal porque le han ignorado en Facebook, no es el único. Este medio social es un lugar para formar conexiones sociales. Sin embargo, con frecuencia, es una forma de excluir a los demás sin la inconveniencia de una interacción cara a cara”, ha apuntado el autor del estudio Joshua Smyth, profesor de Salud Bioconductual y Medicina de la también llamada ‘Penn State’.
Síndrome del rebaño
No obstante, según el psicólogo Jaume Guinot, director del Grupo Psicología Granollers, la obsesión de algunas personas por integrarse en el grupo puede crearles el denominado ‘síndrome de rebaño’.Estamos conectados por una conciencia colectiva”, afirma Martin Lidinstrom en su libro ‘Así se manipula al consumidor’. “Evaluamos lo que hacen los individuos que nos rodean y modificamos en consecuencia nuestras propias acciones y comportamientos”, según el director de Psicología Granollers.
Ejemplo son desde campañas de marketing que incitan a los consumidores a comprar determinado producto, a experimentos que demuestran que solemos imitar el comportamiento de los demás”, añade este psicólogo.
Según Guinot, Lidinstrom insiste en que “destacar o ser diferente del resto del mundo suele resultar bastante incómodo”. Y es que, a pesar de que siempre nos fijemos en nosotros mismos cuando nos descubrimos en una fotografía, por ejemplo, luego tendemos a escrutar al resto de las personas que salen en la imagen para compararnos con los demás.
“Podemos llegar a edificar una marca personal propia, pero siempre estará basada en la que los demás nos transmiten”, añade.“Los humanos solemos dejarnos llevar por los demás, por aquellos que consideramos mejor informados. Hay incluso investigaciones que demuestran que, en un grupo, se sigue a los que parece que saben dónde van”, explica el psicólogo
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